lunes, 28 de marzo de 2016

CRIANDO A UN NIÑO DISCIPLINADO


María Montessori dice “una de las mayores dificultades para asegurar la disciplina radica en el hecho de que no puede limitarse a ser obtenida únicamente con palabras”, es decir que no es tan simple, no puedes hacer que un niño haga algo,  nada más diciéndole que lo haga.  
María Montessori afirma: “decirle a un niño: ‘Quédate quieto como yo! ' no lo ilumina. Uno no puede, con un solo comando, poner orden en el complejo sistema psico-muscular de un individuo en proceso de crecimiento”, es decir, alguien  que está todavía creciendo, y que aún no ha madurado, simplemente no entiende una orden así, al menos no lo suficiente. Por lo general pensamos que si un niño no hace lo que le pedimos es porque nos está desobedeciendo, cuando de hecho, la mayoría de las veces, simplemente no es capaz de seguir nuestras órdenes: simple y sencillamente no puede. Su cuerpo y su mente no se han unido de tal manera que le permita hacer lo que le pedimos. Nuestro trabajo entonces, es ayudarle a lograr esto antes de esperar que obedezca nuestros comandos.

Montessori clasifica la obediencia en tres etapas. 

1a. etapa: el niño no te puede obedecer. Este niño, por lo general entre 0 y 2.5 años, obedece una voz dentro de sí mismo, una directiva interna.

2da. etapa: el niño quiere obedecer y parece entender tu orden, pero no puede o no siempre puede lograr obedecer, incluso aunque quiera hacerlo. Esta etapa va aproximadamente de los 2.5 a los 4.5 a 5 años. 

3era. etapa: el niño ha perfeccionado su auto control y es capaz de hacer lo que le pides, lo cual no significa que lo hará, pero es  física y emocionalmente capaz de obedecer. Entonces, antes de los 5 años, un niño o no puede obedecerte, o quiere hacerlo pero no puede hacerlo bien. 

¿Cúantas veces hemos regañado y gritado a niños de menos de 5 años porque pensamos que se están portando mal a propósito? 

* ¿Cómo ayudas a un niño a aprender a obedecer? 

María Montessori dice, “Los primeros destellos de la disciplina tienen su origen en el TRABAJO. En un determinado momento, un niño se vuelve intensamente interesado en alguna tarea. Esto se muestra por la expresión de su rostro, su intensa concentración, y su constancia en la realización del mismo ejercicio. Tal niño muestra que está en camino de llegar a ser (o volverse) disciplinado.”  A través del trabajo, el niño está aprendiendo a unir su cuerpo y su mente, y mediante este proceso, logrará muchas cosas -una de ellas es la capacidad de seguir tus órdenes. Es a través del trabajo que el niño va adquiriendo la disciplina .  

* ¿Qué puedes hacer para ayudar a un niño a llegar a este punto? 

 Primero necesitas observar al niño atentamente y ver qué le interesa, qué le gusta hacer, aquello con lo que no se distrae fácilemente, identificar las actividades o tareas que realiza con interés y concentración. Tal vez camina por la cornisa delgada en la acera una y otra vez. Tal vez ya usó la mitad de la botella de jabón y todavía no se termina de lavar las manos. Tal vez se pone y se quita algunas prendas de ropa una y otra vez. Tal vez se lleva todo a la boca y explora. Bueno, mientras no le dejes hacer estas cosas una y otra vez hasta que esté satisfecho, lograr que haga lo que tú quieres que haga será una lucha, un conflicto para ambas partes.
Lo más difícil en todo esto es no dejar que tus propios juicios interfieran en el camino. Tal vez pienses que su interés no vale la pena, tal vez te resulte muy incoveniente dejarlo, tal vez tengas otras preocupaciones que te dicen que no debes dejarlo hacer esas cosas, y sientes que no debes permitirlo.

Por ejemplo, estamos en otoño y hace frío. Sin embargo, en este clima de botas y chaquetas, mi hija Brooke (2 años 10 meses) pasa mucho tiempo poniéndose sus trajes de baño, eso es lo que más parece interesarle en este momento. Y lo hace en los momentos más inconvenientes: a las 7.30  de la mañana cuando todos vamos a salir de la casa, tengo que sacarle el traje de baño para que se ponga su ropa para la escuela con gritos, y lágrimas, por supuesto. No le interesan los rompecabezas, aprender las letras, pintar o miles de otras actividades que tengo disponibles para ella. No, solo quiere ponerse sus trajes de baño -primero el rosa, luego el azul, luego el amarillo. Y finalmente los tres, uno sobre el otro. Es impresionante cuánto tiempo y concentración dedica a esto todos los días. 

Lo que decidí hacer fue esto:

En nuestro estante de trabajo (ver foto publicada) creé una actividad (por las tardes, después del a escuela) a la que llamé “ir a nadar”. Incluye todo lo que se necesita para nadar: trajes de baño, camisetas, shorts, sandalias, lentes para sol, toallas, una bolsa. Esta es por mucho su actividad favorita, y cuatro días después de no hacer prácticamente otra cosa que cambiarse los trajes de baño, tenemos mucho menos problemas para salir por las mañana. Incluso ya dice “No podemos ponernos los trajes de baño ahora porque eso es para despúes de la escuela” y aunque aún hay cosas que hace difícil la salida por la mañana, al menos eso de los trajes de baño ya no es un problema. 

¿Cuál sería aquí la lección que tendríamos que aprender?  Que si confiamos en nuestros hijos, si seguimos su directiva, sus iniciativas, -si seguimos al niño-, en vez de luchar contra él,  la vida es mucho más fácil. 

Recuperado de: 


texto y foto: montessorionthedouble.com 

artículo original en inglés: http://montessorionthedouble.com/2013/10/22/raising-a-disciplined-child-or-at-least-one-who-listens/

jueves, 17 de marzo de 2016

La importancia de la educación preescolar



La educación preescolar es tan relevante que merece la pena reflexionarla y sobre todo difundirla, para que los padres tomen conciencia y no priven a sus hijos de la misma.

Vale la pena distinguir la educación inicial, que atiende a chiquitos de 0 a 3 años 11 meses, de la educación preescolar que atienden a niños de 4 años a 6 años de edad y que es la obligatoria. Cada una de estas etapas tiene su propia razón de ser y sus propios objetivos. Aunque es de los 0 a los 6 años cuando el cerebro presenta una mayor disposición para recibir estímulos que favorecerán su socialización, creatividad y aprendizaje.

En la educación preescolar, el niño aprende a relacionarse con otros, a desarrollar la responsabilidad, la solidaridad y la importancia de respetar las reglas y las normas, además de una serie de hábitos que forjarán su carácter, todo ello en un ambiente lúdico y grato que le proporcionarán confianza y seguridad en sí mismo.

Un centro de preescolar, además de ofrecer actividades estructuradas en un ambiente controlado, puede ayudar a detectar anomalías físicas o psíquicas, que podrán ser canalizadas y tratadas a tiempo por especialistas.

Es en preescolar donde los niños empiezan a dejar de lado su egocentrismo porque se dan cuenta de que el mundo no gira alrededor de ellos y que hay otras personas a las que debe considerar y respetar.


 Es el lugar donde aprenden a ser más independientes y autosuficientes porque no están los padres para ayudarlos, por tanto no les queda más remedio que hacerse cargo de sus propias cosas y aprender a pedir ayuda. Además de todo, en el área cognoscitiva, los niños terminan el preescolar sabiendo leer, escribir y calcular operaciones sencillas.

Anteriormente se aprendían estas cuestiones en la primaria, pero ahora deben llegar sabiéndolo y si algún niño no tiene esos aprendizajes, le costará mucho más nivelarse con los demás.

Por otro lado, el hecho de que se haya agregado el aprendizaje del inglés le da un plus al programa, dado que los niños en esta etapa es cuando mejor aprenden una segunda lengua. De manera que, a la dificultad de no saber leer, escribir y calcular, se suma la de no haber estado en contacto con otro idioma y la de no haber socializado, dejando al niño en una clara situación de inequidad, que no se solventará con un curso de verano.

No se puede banalizar esta etapa reduciéndola a un “requisito” y como tal tratar de cubrir el expediente con dicho curso por muy intensivo que sea; habría que pensar también en una fórmula de estimulación paralela al primer año de primaria, para que el niño que no cursó preescolar, adquiera las habilidades y esté a la altura de los demás.
Además de todo, creo que la mejor medida para abatir los casos de niños que no asisten a esta etapa es la de informar y sensibilizar a sus padres. Ellos deben conocer y entender las ventajas de la educación preescolar y la diferencia cualitativa que supone el que sus hijos la reciban.

La ley los obliga, pero es mejor que los lleven por convencimiento y entiendan que esos tres años son esenciales para su desarrollo futuro. Cualquier omisión en la educación de los hijos es una forma de maltrato y los padres también tienen que saberlo.

Decía María Montessori: “El niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros. Este hecho debe ser transmitido a todos los padres, educadores y personas interesadas en niños, porque la educación desde el comienzo de la vida podría cambiar verdaderamente el presente y futuro de la sociedad”. 
Petra Llamas García.
Reflexiones de la Maestra Petra Llamas: petrallamasgarcia@hotmail.com | Twitter: @petrallamas
Fuente: La Jornada de Aguascalientes

lunes, 14 de marzo de 2016

La madre que abandonó el grupo de WhatsApp del colegio de su hija.



La madre que abandonó el grupo de WhatsApp del colegio de su hija


Desde hace un tiempo, los grupos de WhatsApp han ocupado el lugar de los corrillos que se formaban a la salida del colegio. Por tratarse de un fenómeno nuevo, a veces no los manejamos bien. Ahí van algunas sugerencias como madre y profesora(Teresa Hernández)



Soy profesora desde hace 17 años, tengo tres hijos en primaria y hace poco reuní el valor para abandonar un grupo de WhatsApp. Se trataba de un grupo formado por los padres de los compañeros de clase de una de mis hijas y lo hice porque se había generado un ambiente incómodo.
Incluso antes de que empezaran las clases, algunos padres compartieron opiniones desfavorables sobre el docente que les habían llegado a través de terceras personas. Curiosamente, yo era la única que había tenido una experiencia directa con el docente, porque había dado clases a mi hijo mayor, pero la gente estaba predispuesta en su contra sin conocerlo.
Nada más empezar las clases, se criticaba cada decisión que tomaba, incluso en un tono ofensivo. Una de las integrantes del grupo pidió un poco de paciencia y algunos de los padres se volvieron en su contra. Como si el hecho de reclamar sensatez fuese sinónimo de no preocuparse por el bienestar de los niños. En ese momento, al ver cómo estaban las cosas, abandoné el grupo.
Desde hace un tiempo, los grupos de WhatsApp han ocupado el lugar de los corrillos que se formaban a la salida del colegio. Por tratarse de un fenómeno nuevo, a veces no los manejamos bien. Desde mi experiencia como madre y profesora, creo que deberíamos tener en cuenta lo siguiente:
– Que nuestras opiniones sean propias. En el caso de mi grupo de WhatsApp, el clima hostil hacia el docente empezó antes que las clases. Podría darse el caso de que el docente no sea bueno, claro, y que las críticas estuvieran justificadas. Pero también hay ocasiones en las que sencillamente los métodos de un docente, aunque sean válidos, no convencen a todos o que se debieran a una mala experiencia aislada.
– Que hay unos cauces establecidos para las quejas. En caso de que hubiera algún problema grave, yo recomendaría hablarlo primero con el docente. Hay canales de sobra: sigue habiendo tutorías para padres y muchos profesores ya disponen de correo electrónico. La dirección del centro, la Inspección…
– Que hay que crear un clima agradable. Los grupos de WhatsApp generan cierta presión grupal. Pasa incluso en los momentos buenos, cuando toca felicitar un cumpleaños. En caso de no hacerlo, siempre queda la posibilidad de que se vea como una ofensa. Pues bien, en los grupos de padres, si no te sumas a las quejas, podría parecer que no te preocupas lo suficiente por los niños.
– Que los asuntos privados deberían quedar al margen. Los grupos de padres de alumnos existen para hablar de cuestiones relativas al colegio. Sería conveniente que dejáramos las cuestiones privadas (en mi grupo había conversaciones sobre embarazos, por ejemplo) para los grupos de amigos. Y lo mismo digo sobre los chistes y los vídeos que nada tienen que ver con el colegio.
– Que no le quitemos responsabilidad a nuestros hijos. Los deberes de nuestros hijos ocupan buena parte de las conversaciones en estos grupos: que si son muchos, que si son pocos… Si hay alguna queja, como decía, lo mejor es hablarlo con el docente. También suele haber muchas peticiones del tipo: “A mi hijo no le ha quedado claro si tocaba hacer este ejercicio o aquel” o “Mi hijo se ha olvidado las fichas en clase, ¿me las podéis pasar por WhatsApp?”. No creo que sea bueno que nos empeñemos en solucionar los problemas de nuestros hijos: debemos respetar su autonomía y su capacidad de decisión. Y si en algún momento se equivocan, será bueno que aprendan a asumir su responsabilidad. Si resolvemos todo el rato sus problemas, al profesor no le llegará una información adecuada sobre el niño, y no podrá buscar las herramientas necesarias para enseñarle bien.
Teresa Hernández, Defensora del Profesor en Aragón
Recuperado de: http://elventano.es/2016/03/la-madre-que-abandono-el-grupo-de-whatsapp-del-colegio-de-su-hija.html